1 Arte e Inconsciente creativo. Ensayo II: El arte y su época 1 - Erich Neumann







ARTE E INCONSCIENTE CREATIVO


ENSAYO II: EL ARTE Y SU ÉPOCA

I



El arte y su época es un tema amplísimo; estoy seguro de que no esperan una investigación exhaustiva en sólo una exposición. Aquí no nos ocuparemos del fenómeno del tiempo en el sentido de qué lugar ocupa dentro de la experiencia del hombre o de sus obras de arte actuales; en otras palabras, no nos ocuparemos de la relación del ego con la corriente viviente del tiempo, con la eternidad o el momento, con los laberintos
circulares del tiempo ni con el reposo en el tiempo. Nuestra discusión tratará principalmente acerca de la relación entre el arte y su época; la segunda parte de la exposición versará sobre la relación específica del
arte moderno con nuestra propia época.

Sin embargo, tampoco hablaré como un artista ni como un crítico de arte; tampoco hablaré de los fenómenos artísticos con los cuales entro en contacto como psicólogo, ni de las producciones más o menos artísticas que surgen en el curso de una terapia analítica. Nuestro presente trabajo se enmarca dentro de la psicología de la cultura, y busca una comprensión del arte en tanto fenómeno psicológico de importancia central para la colectividad y para el individuo.

Comenzaremos con la función creativa del inconsciente, que produce sus formas de manera espontánea, de manera análoga a la Naturaleza, la cual –desde el átomo hasta el cristal pasando por la vida orgánica, así como por las estrellas y los planetas- crea espontáneamente formas suceptibles de impresionar al hombre por su hermosura. Debido a que este trasfondo y sustrato del mundo psicofisico está siempre trayendo a la luz nuevas formas, es que lo llamamos creativo. Y al aspecto deconocido de la Naturaleza que engendra sus formas del mundo externo, le corresponde otro aspecto desconocido, el inconsciente colectivo, que es la fuente de toda creación psíquica: religión y rito, organización social, conciencia y, finalmente, arte.

Los arquetipos del inconsciente colectivo son intrísecamente estructuras psíquicas carentes de forma que se vuelven visibles en el arte. Los arquetipos se ven afectados por el medio a través del cual cobran forma; esto es, su forma varía según el tiempo, el lugar y la constelación psicológica del individuo en quien se manifiestan. De este modo, por ejemplo, el arquetipo de la madre, en tanto entidad dinámica del sustrato psíquico, siempre conserva su identidad, pero asume diferentes estilos –diferentes aspectos o tonalidades emocionales- dependiendo de si se manifestó en Egipto, México o España, o si lo hizo en tiempos antiguos, medievales o modernos. La paradójica multiplicidad de su presencia eterna, que hace posible una infinita variedad en sus formas de expresión, se cristaliza en el tiempo por su realización por el hombre; esto es, su eternidad arquetípica entra en una síntesis única con una específica situación histórica.

Hoy no investigaremos el desarrollo de arquetipos específicos en una cultura, ni rastrearemos las diferentes formas que un mismo arquetipo puede aumir en diversas culturas. Cualquiera que necesite convencerse de la realidad de este asombroso fenómeno sólo necesita consultar el Archivo Eranos[1], un esfuerzo pionero en esta dirección.

Tampoco investigaremos el aspecto estético, la historia de los estilos, que se ocupa de las formas que asumen los arquetipos en los diferentes periodos; aunque sería de enorme interés mostrar, por ejemplo, cómo la concepción estática de la eternidad y el tiempo modeló el mundo arquetípico egipcio, mientras que en América Central el mismo mundo arquetípico está casi sumergido en una jungla de ornamentos porque allí el aspecto devorador de la Madre Terrible fue el dominante. Nuestro esfuerzo comenzará y terminará con la pregunta: ¿qué significa el arte para la humanidad y qué posición ocupa en el desarrollo humano?

Al inicio del desarrollo de la conciencia humana prevalece la situación psíquica original: los factores inconscientes, colectivos y transpersonales son más significativos y evidentes que los factores conscientes e individuales. En esta etapa, el arte es un fenómeno colectivo que no puede ser aislado del contexto de la existencia colectiva, pero que está integrado en la vida del grupo. Cada individuo es un artista, danzarín, cantante, poeta, pintor y escultor; todo lo que hace y su manera de hacerlo, incluso donde está involucrada una reconocida posesión individual, permanece como una expresión de la efectiva situación del grupo.

Aunque desde el principio lo colectivo recibe su impulso primario de los “Grandes Individuos”, incluso ellos mismos, de acuerdo con la dialéctica de su relación con el grupo, en tanto individuos nunca se atribuyen el crédito de lo que han hecho sino que se lo imputan a la inspiración de sus predecesores, al tótem, o a cualquier aspecto que el espíritu colectivo haya insuflado en ellos de manera individual.

No sólo es lo creativo una situación numinosa; es también experimentada como tal, puesto que todo lo que existe fue originalmente conformado por la experiencia de lo transpersonal. Las festividades y ritos son los puntos nodales de lo numinoso, que da forma a todo lo que entra en contacto con su ámbito sacro: implementos y máscaras del culto, figura e imagen, recipiente y ornamento, música y danza, mito y poesía. La integración original de todo ello en la vida y en el contexto numinoso como totalidad se muestra en el hecho de que ciertos “estilos” son de Oceanía o africanos, de la India o nórdicos, y que éstos se manifiestan en el parentesco existente entre el ornamentado marco del la puerta y el recipiente ritual, entre el tema del tatuaje y la máscara, entre el fetiche y la lanza.

Esta unidad es un síntoma de la inmersión del individuo en el contexto grupal que lo trasciende; sin embargo, cuando decimos que el grupo está dirigido inconscientemente por la psique colectiva, no queremos decir que esté dirigido por sus urgencias ni instintos. En verdad, la conciencia del individuo es casi ciega ante las fuerzas subyacentes: su reacción al impulso creativo de la psique no es reflexionar, sino obedecer y ejecutar sus órdenes. Pero las corrientes del sustrato psíquico que determinan los sentimientos del hombre y su imagen del mundo se manifiestan a través de colores y formas, de tonos y palabras, que cristalizan en figuras espirituales simbólicas que expresan la relación del hombre tanto con el mundo arquetípico como con el mundo en el que vive.

De esta manera, desde un inicio el hombre es un creador de símbolos, quien construye su característico mundo espiritual-psíquico a partir de los símbolos en los que habla y piensa del mundo circundante, pero también a partir de las formas e imágenes en que surge en él su experiencia numinosa.

En la situación original, la emoción del hombre ante la presencia de lo numinoso conduce a su expresión, ya que el inconsciente, como parte de su función creativa, lleva dentro de sí su propia expresión. Pero los estímulos emocionales que mueven al grupo y al individuo que forma parte de éste no deben concebirse como una dinámica sin contenido. Puesto que todo símbolo, al igual que todo arquetipo, posee un contenido específico; y cuando la totalidad del hombre es capturada por el inconsciente colectivo, eso significa que también es capturada su conciencia. En consecuencia, encontramos que desde el comienzo la función creativa de la psique se ve acompañada por una reacción de la conciencia; la cual busca, al inicio en mínimo grado pero luego de manera abierta, comprender, asimilar e interpretar aquello que la abrumó al inicio. Así, en una etapa muy temprana se da una relativa fijación de la expresión y el estilo, a partir de los cuales surge con claridad una tradición.

En nuestra época, con su consciencia desarrollada o sobredesarrollada, el sentimiento y la emoción parecen ligados a la naturaleza artística, puesto que en ningún caso de trata de una consciencia infradesarrollada; como sí es el caso de las culturas primitivas y tempranas, en las que la fuerza creativa de lo numinoso le brinda soporte e incluso engendra la consciencia: proporciona diferenciación y orden en un mundo indeterminado impulsado por poderes caóticos, así como también le permite al hombre orientarse por sí mismo.

En la esfera creativa de la psique, a la que llamamos el inconsciente, se han efectuado importantes diferenciaciones en la dirección que será característica de las subsecuentes elaboraciones que realice la consciencia. La sola aparición de una imagen psiquica representa una interpretacion sintética del mundo, y lo mismo se cumple en el caso de una creación artística en el periodo en que aquella se originó. La creación artística detenta poder mágico; es experiencia y percepción, insight y diferenciación a la misma vez.

Ya sea que la imagen sea naturalista o no, es secundario; incluso las extremadamente naturalistas pinturas de animales de la Edad de Hielo son, en este sentido, símbolos. Para una concepción primitiva o mágica del mundo, cada uno de estos animales pintados es numinoso; son la encarnación y esencia de la especie animal. El bisonte individual, por ejemplo, es un símbolo espiritual-psíquico; es, en cierto modo, “el padre del bisonte”, la idea de bisonte, el “bisonte como tal” y es por ello que constituye un objeto de ritual. La subyugación y muerte, la conciliación y fertilización del animal, que son representadas en la esfera psíquica entre el grupo humano y la imagen que representa simbólicamente al grupo animal, posee un significado transformador de la realidad –esto es, mágico- porque esta imagen simbólica abarca el centro y corazón numinoso del animal que vive en el mundo, cuya figuración simbólica constituye una auténtica manifestación de lo numinoso animal.

En el periodo original, las formas de expresión y los contenidos arquetipales dominantes de una cultura permanecen inconscientes; pero con el desarrollo y sistematización de la consciencia, así como con el reforzamiento el ego individual, surge una conciencia colectiva, un canon cultural característico para cada cultura y época cultural. Surge, en otra palabras, una clara configuración de arquetipos, símbolos, valores y actitudes, sobre los cuales se proyectan los contenidos arquetipales inconscientes; los cuales, fijados como mito o culto, se convierten en la herencia dogmática del grupo. La vida del grupo ya no la determinan poderes desconocidos e inconscientes; en su lugar, contenidos y figuras transpersonales, conocidos por el grupo, dirigen la vida de la comunidad así como la conducta consciente del individuo en la festividad y el culto, en la religión y las costumbres.

Esto no significa que el hombre sospeche la existencia de una conexión entre su mundo transpersonal y las profundidades de su propia psique humana, a pesar de que lo transpersonal sólo pueda expresarse por medio del hombre y que tome forma en él a través de procesos creativos.

Pero incluso cuando se desarrolla el canon cultural, el arte en todas sus manifestaciones permanece al comienzo integrado con la totalidad de la vida del grupo; y cuando el canon cultural es observado en las festividades religiosas, todas las actividades creativas están articuladas dentro de este evento integral. Como expresiones de la realidad arquetipal, el arte y la música, la danza y la poesía del culto son posesiones intrínsecas de lo colectivo.

Ya sea que la epifanía de lo numinoso ocurra en un dibujo grabado en hueso, en una piedra esculpida, en el edificio de una catedral medieval, o en una máscara, elaborada para sólo un festival y luego quemada, en cada caso la epifanía de lo numinoso, el trance de aquellos que le dan forma y el éxtasis del grupo que celebra la epifanía, constituyen una unidad indivisible.

Pero el fracturamiento de esta situación original a lo largo del curso de la historia se revela también en el arte, a través del fenómeno del individuo creador. Porque con el aumento de la individualidad y la relativa independencia de la conciencia, se desintegra aquella situación en que el elemento creativo del arte era uno con la vida del grupo. Ocurre entonces una diferenciación extensiva; los poetas, pintores, escultores, músicos, bailarines, actores, arquitectos, etcétera, se convierten en grupos profesionales, y practican funciones particulares de expresión artística. La mayoría del grupo, tal parece, conserva sólo una relación receptiva, si acaso, con el logro creativo del artista.

Pero el individuo no está tan aislado –tampoco el arte y el artista están tan separados- de lo colectivo como a primera vista podría parecer. Hemos aprendido a ver la consciencia del individuo como la voz más alta en la polifonía, cuya voz más baja, el inconsciente colectivo, no sólo acompaña sino que determina el tema. Y esta reorientación no está limitada a la estructura psíquica del individuo; también se necesita una nueva aproximación a las relaciones entre los hombres.

Vemos el grupo como un campo psíquico integral, en el cual la realidad del individuo está inmersa, de tal modo que éste resulta ser el órgano e instrumento de lo colectivo. Pero no sólo a través de su consciencia o su educación por lo colectivo está el individuo inmerso en este campo psíquico. Las estructuras separadas del organismo humano se regulan unas a otras de una manera altamente compleja, y en sueños aquellas estructuras necesarias para la totalidad de la personalidad individual se animan de tal forma que compensan la unilateralidad de la vida conciente; de manera similar, existe entre los miembros del grupo un mecanismo compensatorio que –muy aparte de las directrices de la consciencia individual y de las autoridades culturales- tiende a mantener reunida la vida del grupo.

En el grupo, al igual que en el individuo, hay dos sistemas psíquicos en funcionamiento que pueden operar en perfecta sincronía siempre y cuando estén mutuamente coordinados. Uno es la conciencia colectiva, el canon cultural, el sistema de valores supremos de la cultura hacia el cual la educación está orientada y que estampa su sello decisivo en el desarrollo de la consciencia individual. Pero a su lado se encuentra el sustrato viviente, el inconsciente colectivo, en el cual nuevos desarrollos, transformaciones, revoluciones y renovaciones están en todo momento preparándose y anunciándose, y cuyas perpetuas erupciones previenen a la cultura del estancamiento y la muerte. Pero si incluso vemos al grupo como un campo psíquico integral, los hombres en que residen las fuerzas compensatorias inconscientes, necesarias para el canon cultural y para la cultura de una época en particular, son también elementos esenciales de esta constelación. Sin embargo, sólo el historiador –y él, también, está limitado por su ecuación personal y por los lazos que mantiene con su época- puede evaluar la auténtica significación histórica de un grupo, de un movimiento, o de un individuo. Y es que no hay necesariamente una relación entre la verdadera importancia del hombre y aquello que su propia época le imputa, esto es, lo que le atribuyen los representantes de su propio canon cultural. Con el paso del tiempo, algunos “líderes” y “genios” quedan expuestos como fraudes, mientras que desconocidos, perseguidos por la ley y ninguneados resultan haber sido los verdaderos vehículos de la realidad.

No es el ego ni la conciencia, sino el inconsciente colectivo y el self las fuerzas determinantes; el desarrollo del hombre y de su consciencia dependen de la espontaneidad y del orden interno del inconsciente, y así sigue siendo incluso después que la consciencia y el inconsciente hayan entrado en mutua y fructuosa relacion dialéctica.

Hay un continuo intercambio entre el inconsciente colectivo (que está vivo en el inconsciente de cada miembro del grupo), el canon cultural (que representa a la conciencia colectiva del grupo de aquellos valores arquetipales que se han convertido en dogma), y los individuos creativos del grupo (en quienes las nuevas expresiones del inconsciente colectivo cobran forma y expresión).[2]

Nuestro intento de distinguir diferentes formas de relación entre el arte y los artistas y su época se basa en la unidad del campo psíquico del grupo; en el cual, consciente o inconscientemente, voluntaria o involuntariamente, todo individuo particular, al igual que todos los ámbitos de la cultura, encuentra su lugar.[3] Esta unidad –al igual que la de la psique individual- está compuesta de conciencia colectiva y de inconsciente colectivo.



[1] [En el Warburg Institute, Londres. Existe un duplicado en el Archive for Research in Arquetypal Symbolism, Nueva York. - Nota del traductor al inglés.]

[2] Aquí no tomaremos en cuenta el hecho de que algunas constelaciones pueden aparecer tanto en los Grandes Individuos, como en los casos fronterizos de neurosis y demencia.

[3] La evaluación psicológica del individuo dentro del grupo como totalidad, presenta una analogía con la posicion sociológica de éste. Pero las dos evaluaciones, tal como hemos señalado, pueden divergir notoriamente. Desde que es necesario mirar con profundidad estas relaciones compensatorias para estimar la importancia que tiene el individuo para la comunidad, debemos, al juzgar al individuo, utilizar la noción de “adaptación social” de manera más cautelosa que en el caso previo, cuando –como resulta comprensible- la adaptación a los valores del canon cultural era considerada como el único criterio a tener en cuenta. El dilema que esta circunstancia le crea a la psicología profunda en su relación con lo colectivo no puede ser discutido aquí.

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El arte y su época - Erich Neumann

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1 comentarios:

  1. Hola me llamo Julio Carrasco y te he ralizado un pago via paypal por 9.90 euros para descargar el ensayo de el arte y su epoca. Aun no recibo notificación de tu parte para saber como me entragaras el PDF. o donde lo puedo descargar, te pido me puedas apoyar al respecto. Gracias

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